No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde

martes, 25 de junio de 2013

A LA SOMBRA DE LAS MORERAS

Las sombras le hacen levantar la cabeza. Sentada en una terraza toma un café, observa a los que pasan. Cerca, muy cerca hay un hombre de tez oscura y pelo negro ensortijado sentado en una banqueta de madera ajada, toca el acordeón abrazándolo con sus grandes brazos. En el suelo, un platillo de plástico rojo con unas cuantas monedas de euro.
Hasta allí llegan sones parisinos unas veces, otras, suenan a lamento de un tango, uno de esos tangos, que sin conocer la letra penetra produciendo escalofríos. Sobre la mesa a la sombra de las moreras, está tomando un cortado; saca su agenda y escribe notas de cosas pendientes de hacer. Enciende un pitillo y le da una calada, se queda pensativa como haciendo memoria. Con cierto disimulo -casi teatral- mira alrededor  al escuchar la conversación de la mesa contigua, son dos mujeres de mediana edad hablan de manera relajada y amigable; se escuchan atentamente. La situación le resulta ajena a sus pensamientos, da un sorbo al café y lo termina. Ha anotado todo lo que tiene que hacer en el dietario. No tiene prisa; hoy es un día de ésos en los que se puede hacer lo que se quiera. No tiene rumbo fijo, y todas las direcciones son válidas. "Me duele lo que oigo. Me resulta conocido. Sé de lo que hablan."
La conversación le es ajena, pero lo que escucha no. Sigue allí sentada mirando a la gente pasar. La mañana es agradable; aromas de azahar vienen de la plaza cercana. Es marzo y mayea. Los naranjos han reventado en flor esta semana. Gentes pausadas otras presurosas pasan por delante.
 Atraviesa la calle peatonal que existe entre la terraza y la cafetería una señora octogenaria en silla de ruedas empujada por una persona joven de rasgos latinos. Le va hablando cariñosamente a la vieja decrépita que con gesto serio y severo mira a un lado y otro sin prestar mucha atención."La imagen que percibo es como un corto en blanco y negro de una vida todavía lejana, pero quizás posible."
Justo enfrente tres hombres trajeados hablan de forma acalorada de temas financieros. Les mira bien, intentando interpretar sus gestos, el leguaje que usan no le interesa en absoluto: alto, traje prêt- à- porter, delgado, gafas de montura reciente uno; mediana estatura, un poco más mayor, traje de marca de grandes almacenes, pelo largo y barba bien cuidada otro; de edad indefinida, un poco barrigudo y calvo, muy calvo el tercero. De repente se abre la puerta del local apareciendo una mujer joven de belleza serena, minifalda y zapatos de tacón de aguja poniéndose las gafas de sol. La conversación acalorada se congela se queda en stand-by. Se giran embobados siguiendo la estela que deja el andar cadencioso y armónico de la mujer." Siempre igual: Necesitarían una gran sábana de lienzo blanco que recogiera todas sus babas."
Escenas como ésta siempre le producen cierto malestar y un poco de asco. Llama al camarero, pide un botellín de agua. Estar a estas horas en la calle le causa regocijo. Salir de la rutina diaria es una excepción que sólo se permite cuando tiene un día libre. Así que lo aprovecha para hacer de espectadora particular de la otra rutina, la de la calle, la de las gentes anónimas de las que se queda con sus caras y sus gestos, que ahora analiza e interpreta para sí misma. Se acerca a la mesa una vagabunda.  Lleva unas papeletas con versos escritos y en silencio las deja para ser leídas. La mira con descaro para comprender la expresión de su cara, pero la mujer baja la mirada. No tiene por costumbre, aunque esta vez lo hará. Saca unas monedas del monedero y se las da  quedándose con lo que parece un poema. Lo lee:
         Mi paz
         Los geranios también huelen./Oigo el sonido. Canta un pájaro/ Saboreando el olor del mar/
        / mi paz, el sosiego de mi mente/Y los carretes llenos de ideas/ siguen asidos a los sentimientos/
        /sola en mi soledad con la luna;/los pensamientos no cejan./  En el huso de la vida cotidiana/
        / voy hilando palabras en retahílas./  La paz está en otro sitio.
       
         Absorta, concentrada en lo leído vuelve a la realidad de la calle al oír el reloj de la iglesia  dando las doce del mediodía. Corretean niños de todas las edades con sus mochilas cargadas a la espalda, envueltos en una algarabía de gritos que con gran alboroto se arremolinan entre madres y abuelos: los recogen del colegio.
Se levanta; paga la consumición. Mientras espera las vueltas le vienen imágenes de otro tiempo, de lugares comunes, de ideas compartidas, de palabras fluidas en conversaciones amenas, de prestamos de libros clandestinos y de regalos en forma de besos con sabor a eucaliptos de aquel parque con grandes castaños y plátanos de Indias que un día albergaron su amor, desechando el ruido o el silencio de quienes paseaban por él. Retornan los ecos en su memoria.
 Entonces no necesitaba mirar alrededor para obtener vida en los otros. Se había quedado sola en la utopía de los sentimientos. Y vive las historias de los otros como la suya propia.
Cuando los demás trabajan ella pasea, mira escaparates, toma un café y piensa en algo. Siempre, siempre piensa en algo. Su cuaderno está lleno de notas, lleno de ideas.
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SEGUNDO ACCESIT en el XIV Certamen Literario “8 de marzo” modalidad Relato Corto. Convocado por la Concejalía de Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres de Molina de Segura (Murcia). Fallado en abril de 2009.
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11 comentarios:

  1. Hoy vuelvo a dejar una "perlica" recuperada de la "caja de mis letras premiadas" con la etiqueta premios. Alguna más hay por ahí, ahora que viene la caló hay que dejar ver la desnudez.¡Perdón por el atrevimiento! Hace algunos años ya que perdí el pudor.... Espero que os guste.

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  2. Ya lo creo que nos gusta. Besotes Cabopá.

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  3. Te lo premiaron con muchísima razón, está muy bien escrito.
    ¡Qué estupendos esos días que dejamos para dar paseicos sin obligaciones!
    Con el verano que empieza habrá más de uno. Sería estupendo coincidir y tomar algo a la vera del mar.
    Un abrazo fuerte amiga.

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  4. Precioso Cabopá, está muy bien escrito, me ha encantado.
    Un gran abrazo.

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  5. ¡Precioso! Has de saber que creo (no lo recuerdo bien) que concurse a ese concurso (sin tener claras la bases, creo que me pasé en extensión) y el resultado ha sido...jajajaja, ya te lo imaginas, nada de nada.
    Te felicito sinceramente.
    Un besico

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  6. Estas "perlicas" tienen mucho valor. Es muy bueno el relato, no me extraña que lo hubieran premiado. Ya sabes, hay que seguir cultivando más "perlicas" como ésta y de vez en cuando sacarlas para que podamos disfrutar con su belleza.
    Un beso, Cabopá !!!

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  7. Bonito relato con el que nos obsequias.
    Un premio muy merecido.
    Un saludo.





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  8. No me extraña. Es una auténtica joyita.

    Sigo tu trayectoria hace unos meses y me encantan tus letras.

    Besos

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  9. Felicidades retrasadas. Es un buen ejercicio de observación que hace reflexionar sobre lo que se describe. Un abrazo.

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  10. Muy bien engarzada la historia, Cabopá. No me extraña que te la hayan premiado. Un abrazo bien grande

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