No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde

martes, 11 de abril de 2017

"LA OTRA" 2º Premio XXIV Certamen Literario



         Me contó un día que se jubilaría en primavera que ya empezaba a recoger y que haría buenas ofertas con lo que quedaba expuesto en la tienda. Ayer pasé por allí. Los escaparates llenos de cajas a medio cerrar, las lámparas solitarias pendían del techo en penumbra, los apliques, las tulipas y las pantallas de mesilla parecían  dolerse en el silencio de las sombras.
         Manuel también me contó que siempre escuchaba la radio por las mañanas, que oía las palabras habladas, decía, y por la tarde como buen amante de la música clásica sintonizaba  una emisora temática. “Sabe, así la luz de las lámparas  parece que iluminan más, parecen brillar acústicas. No me siento solo” Me dijo un día que yo también le manifesté que la radio era mi pasión.  El hombre de la tienda de bombillas era un todo de ilusión y proyectos. Empezó a trabajar muy joven, ahora tenía muchas expectativas: sus nietos, los amigos del dominó y su casa en el campo donde tenía un pequeño bancal de hortalizas
         Ayer pasé por allí. La persiana echada, sobre  ella, un ramo de flores con una nota. Me dio reparo leerla. Manuel atendía a la gente con generosidad manifiesta, eso sí,  sin perder un céntimo en su economía. Lo primero, “todo tiene arreglo, pero le va a costar, tanto”. Rápido hacía las cuentas, un trozo de cable, un interruptor, más una bombilla... Y tú asentías. Era único para solucionar un problema de electricidad.
         Una vez desmontada la tienda ante el cierre total y desde hacía unas semanas iba cada día para hacer aquellos grandes y pequeños paquetes con el material sobrante de lo que no había vendido. Ese día llamó por teléfono a una ONG de las que se dedica a recoger todo lo inservible para algunos y recuperable para otros haciéndole pequeñas operaciones o alguna que otra chapuza.  Manuel presumía de su destreza con todo lo que tenía que ver con la electricidad y por la costumbre no tomaba demasiadas precauciones. El día que daba el cerrojazo a la persiana después de tantos años, se subió a una escalera a desmantelar una gran lámpara de lágrimas cristalinas, a la que le tenía mucho cariño. Siempre titilaba al compás de los sones musicales. La  guardó durante años, una lámpara que tampoco había vendido su padre. Él la guardaba para su hija.
         Pero fue este día cuando la bella luminosa de cristal tallado le jugó una mala pasada, tan mala que le quitó la vida. Manuel, encaramado sobre la escalerilla, no se percató  después de tantos años de exposición que los cables hacían un contacto defectuoso. La envergadura del fogonazo eléctrico fue la misma que la de un relámpago de tormenta en primavera, rápido y mortal.
         A Manuel no lo mató la energía que desprendió la lámpara, sino la caída desde lo alto de la escalera a la que tantas veces se había subido. Entre el monumental golpe y el impacto eléctrico, murió en el acto. Acudieron los vecinos comerciantes, entre ellos Carmen la señora de la corsetería, su amiga de toda la vida de la calle Vidrieros. Ella fue la que llegó primero, la que llamó a emergencias, la que lloraba amarga y desconsolada por la muerte de su amigo.
         Ayer pasé por allí, la nota sujeta al ramo de flores marchito todavía no se había desteñido a pesar de las gotas de lluvia caídas durante la primera  noche sin luz de Manuel. Hoy sí me he atrevido a leer: “Te fuiste y me dejaste sola, como siempre”
         Yo conozco  la corsetería, la tienda más antigua del barrio. En ella hay de todo: medias, hilos, cremalleras, fajas, bañadores, botones y toda clase de abalorios. Siempre dice: “Pídeme quincalla, que tengo el almacén lleno”. Así son los pequeños establecimientos de barrio.  Ella hacía gala de su solera y de buen trato. “Dime qué quieres mujer”, alegre y dispuesta. Siempre.
         Fue entonces cuando me contó todo. El ramo y las letras eran suyas, como era suyo el amor que Manuel y ella, mantenían. Un amor secreto al margen de la familia. Sólo las lámparas y las bagatelas femeninas sabían de la pasión que se profesaban. Afectada por la gran pérdida me contó su historia. Me confesó que lo que más sentía era no poder asistir al entierro. Lo contaba con simulación  y abonico delante de la mercería. Cómo iba ir, si ella era “la otra”.







23 comentarios:

  1. Enhorabuena, Cabopá. Besicos.

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    1. Muchas gracias, besicos para ti también.

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  2. Un amor mantenido en el tiempo, tan fiel como el oficial, pero siempre oculto, por convencionalismos, hasta el final. Hay corazones tan grandes que son capaces de querer totalmente a más de una persona.
    Un relato ganador.
    Enhorabuena, Carmen
    Un abrazo

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    1. Gracias, amigo Ángel por asomarte fiel y amable como siempre.
      Besicos

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  3. Qué bien hilado,Carmencica.
    Me gustó mucho, sin concesiones a un final feliz.
    Enhorabuena. La próxima edición a por el primero.

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    1. Sí, seguiremos mientras las manos funcionen y el bolígrafo tenga tinta.
      Te debo alguna visita.
      Besicos

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  4. Precioso relato!! 😊. Me ha gustado mucho. Enhorabuena

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    1. Gracias Nerea por venir por aquí. Te agradezco el comentario.
      Besicos, amiga de los amaneceres marmenorenses

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  5. ¡Enhorabuena! Y mira que sospecho que hay mucho de verdad en este relato, o por lo menos me lo parece. Aquellos comercios y la vida a su alrededor, los amores ocultos. Que me alegro mucho de que te premien.

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    1. Y, yo me alegro por verte y pararte a escribir en mi ventana Javier.
      Hay tiendas que albergan personajes y yo me fijo en ellos.
      Besicos

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  6. Fabuloso relato. El ¡eléctrico' y la 'corsetera'... una bonita historia de amor con trágico final. Tanto jugar con fuego y se fue 'de un chispàzo'
    Pues sí, un relato bien hilvanado, que mantiene la atención hasta el sorprendente final.
    Por cierto, ella podría ir al entierro. Siempre se puede ir de incógnito.

    Un besico

    · LMA · & · CR ·

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    1. ¡Muchísimas gracias amigo ñOCO!
      Siempre me alegran tus comentarios.
      Besicos.

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  7. Por supuesto, muchísimas felicidades por ese premio.

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  8. Muy merecido amiga, excelente relato amiga, sobre todo tan real.
    Un abrazo.

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    1. Luis, cuánto tiempo, me alegro que te haya gustado.
      Besicos

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  9. María José Villarroya14 abril, 2017 01:24

    Mi más sincera enhorabuena

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    1. Gracias María José. Me alegra verte por aquí.
      Besicos, amiga.

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  10. Mal destino para alguien que empieza a vivir la vida...
    Felicidades por el premio.
    Un abrazo

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  11. Pues sí, así es la vida...
    Gracias por venir, Jose Manuel
    Besicos

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  12. Felicidades Capobá por ese merecidísimo premio.
    Precioso relato costumbrista cargado de emotividad.

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