Si los días y las noches juntaran los sueños se formarían nubes blancas y veloces sobre un cielo limpio y claro que deslumbraría por su color. Sin diferenciar las noches de los días.
Las palabras conseguirían cruzar la meta de los pensamientos ocultos, encerrados en jaulas de recios barrotes, que no dejan que las ideas escapen.
En el interior de cada casa hay verdaderos sueños secretos que ni las ventanas, al abrirlas, conocen. Si al salir a la calle nos quitáramos la máscara que protege la piel, muchas personas se desintegrarían en las mentiras que cuentan.
Las paradas de autobús conocen a la perfección las mentiras que allí quedan tatuadas. En el puesto de las flores la mujer de cara triste, con delantal de vendedora, no comenta otra cosa que no sea el riego y el abono que las plantas necesitan.
Cuando vuelva a casa en el autobús, volverá a soñar: “Mañana será otro día”
Las palabras conseguirían cruzar la meta de los pensamientos ocultos, encerrados en jaulas de recios barrotes, que no dejan que las ideas escapen.
En el interior de cada casa hay verdaderos sueños secretos que ni las ventanas, al abrirlas, conocen. Si al salir a la calle nos quitáramos la máscara que protege la piel, muchas personas se desintegrarían en las mentiras que cuentan.
Las paradas de autobús conocen a la perfección las mentiras que allí quedan tatuadas. En el puesto de las flores la mujer de cara triste, con delantal de vendedora, no comenta otra cosa que no sea el riego y el abono que las plantas necesitan.
Cuando vuelva a casa en el autobús, volverá a soñar: “Mañana será otro día”