Las gotas de lluvia empañaron
los cristales hace unos días. Han pasado esas
fechas de inclemencia, y aunque, las gotas persisten en el ventanal del
mirador, abriré para que entre el sol cuando salga, ver la luna que mengua
entre las nubes y corre tras ellas, empujándolas para que el raso domine la bóveda
oscura que cubre la noche, dándole paso a las estrellas.
Mi ventana abierta está. Porque me gusta asomarme a ella,
porque me gusta ver a los amigos y que
los amigos vengan. Que entren y que salgan con palabras que no se las lleva el
viento, con rumor de olas que chispean sabores salinos o de colores dulces con
aromas de flores silvestres o milhojas sabrosas
cocinadas en casa, rellenas de palabras que ya llenan mil hojas.
Abrir cada día la ventana con una taza de café en la mano y
mirar a la calle que despierta y se despereza, en una nueva jornada, es tan
estimulante como el agua de la ducha que despeja y tonifica. Y, ver el sol que
se filtra entre las lamas de la persiana haciéndote un guiño se parece a la
vida que comienza cada día.
Ahora que sólo me faltan unos días para cumplir un año más
con esta ventana abierta, donde un día dejé dicho que, Mi memoria es mi realidad, la mirada al mar y mis palabras
escritas.
Hoy además os
diré que, se me
olvidan las palabras y los gestos pero,
lo que nunca se me olvidan son las caricias y los besos. Os
quiero.
Cabopá