No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde

viernes, 16 de junio de 2017

LA TRANQUILIDAD



 Es preciso, mirar en silencio porque el céfiro acariciará tu cara. Lo percibes, lo reconoces. Lo sabes. Se cuenta que los antiguos llamaban a nuestro viento de Levante: maresía  o brisa de mar. Elena lo ha oído por ahí a los hombres de la mar. Para contemplar el mar en su vaivén disfrutando del rumor de las olas, buscó aquel día, un hueco en la playa.
El olor a salitre y algas, el sabor salino sobre tus labios: son besos de mar. No se buscan, se encuentran por su belleza. En la tarde que se va. Sola y acompañada por el color. Recorridos que el cuerpo recibe.
Sigues sentada en la orilla, sobre la arena parda con los últimos rayos de sol en tu espalda, como la cámara del fotógrafo. Y, tú te quedas empapada en la hora azul, en esa calma que se torna azafranada.
Será quizás, la instantánea de aquel día de noviembre. Será, el sosiego merecido igual como la palmera se siente dibujada en el paisaje. Pintura al aire, junto al mar donde siempre estás, serenidad. Sólo con la mirada, llega y no sólo tú piensas igual. Miras alrededor, buscándola.
Suaves colores sobre la fina arena, jugando al despiste entre duna y duna. Nunca estás sola. Después del vuelo, descanso. Tranquila tú esperas.
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 Este relato participa en #palabrasalviento en ZENDA 



5 comentarios:

  1. Sosiego da el leerte.
    Abrazo,amiga.

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  2. Muchísimas gracias amigo
    Besicos para ti.

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  3. Un relato que transmite serenidad. Suerte, Carmen

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  4. Hermosas palabras que dicen mucho de la grandeza del alma de su autora. Un gran beso y recuerdos para tu marido. Gloria

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