Iba a la escuela con alegría, como cualquier niña de su edad.
Aprendía, pero, sobre todo, lo que más le gustaba era conocer, conocer muchas
cosas porque en su aldea todo le era de sobra conocido.
No terminó el
colegio. La sacaron con quince años y la forzaron a casarse con un hombre de
cuarenta. Él tenía hijos de su edad. Hasta entonces era una niña feliz, y su
ilusión ser periodista. Su mayor delito fue abandonar al hombre que le pegaba
siempre, desde el primer día.
Hoy está presa
en una cárcel de mujeres, y sueña con aquellos días de la escuela en que la
libertad se presentaba como algo cercano. Llora y maldice su casta por la
incomprensión y por el silente desdén que sacude a las mujeres de esta parte
del mundo. Sabe que cuando salga nadie la aceptará por su falta de moralidad.
Quizás sólo su madre.
En este
momento, es posible que la noticia ya se sepa y surque los mares de la
información. Ella no la podrá escribir jamás: será una almendra amarga.
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Esta es mi aportación al I Concurso de relatos cortos sobre igualdad entre mujeres y hombres convocado por la Fundación Isonomia de la Universidad Jaime I y publicada por Acen editorial (Castellón) Relato seleccionado para el Libro Solidario "Relatos para Malala"
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