Siempre hay motivos para
la alegría por pequeños que sean, aun estando los muebles desordenados. El
reloj de arena deja pasar el tiempo por su estrecha y delicada garganta a ritmo
lento, acompasado, en la soledad de la mesilla de noche en un silencio hueco
trabado partícula a partícula.
A
veces, se desmorona la noche y despunta el alba sin apenas haber caído unos
pocos granos de la arenilla contenida que, parece discurrir por barrancos afilados. Deshacer la noche y los
sueños, es posible cada día. Levantar la celosía de las horas, algo que
gratifica, los minutos se agrandan y los
segundos se agitan en la carrera de intervalos. Subir la persiana, salir
a la terraza y ver en el tiesto que ha
florecido la Clivia, un motivo para sonreír y dar batalla a la vida.
Clara, se ha levantado hoy entre tonos anaranjados. Siempre hay motivos.
Clara, se ha levantado hoy entre tonos anaranjados. Siempre hay motivos.