No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde

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viernes, 23 de octubre de 2009

POSTALES / 4



Es una calle larga, llena de baches por los que pasa todos los días; hoy no se ha dado cuenta de uno que, al pisarlo le hace girarse para reanudar el camino ya andado. La memoria está herida; la sangre coagulada en forma de recuerdos que quiere recuperar. Abre y cierra la ventana y vuelve a empezar el pensamiento, mejor dicho los pensamientos que, le llegan en forma de ideas ya pensadas; que no puede, que quiere, pero, no puede. Se agobia, se desespera y vuelve al bache. Después de pasar el paso de cebra, por la acera que camina hay un escaparate vacío, tiene un cartel donde lee: se traspasa, y un número de teléfono que no le interesa absolutamente nada. Es entonces cuando se da cuenta que el falso espejo le trae la idea que buscaba y antes no conseguía recordar.
La palabra era fácil pero la retención de las cosas y sobre todo de los textos o los nombres se quedan perdidos en algunos baches; otras veces se convierten en socavones. Sobre las baldosas se encuentra una hoja que el otoño ha dejado caer, la mira. Está ahí sola, seca, caduca; retiene en su mirada la sombra que proyecta sobre el suelo; son sus sentimientos los que, ahora no vienen al caso.