No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde

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martes, 2 de junio de 2009

"TANCUENTO"

“Hay cosas que no pueden decirse", y es cierto. Pero esto que no puede decirse, es lo que se tiene que escribir.
María Zambrano.

MI CIUDAD PENSADA
(“Tancuento”)

Es mi ciudad tan bonita, tan añorada al estar lejos, tan magnificada en la distancia que cuando vuelves tan cercana se presenta que al volver tantas ganas tenía de volver que una vez que has decidido quedarte tan arrepentido estás que al día siguiente de llegar te volverías a ir para tan sólo venir de vez en cuando. La imagen que guardas en la memoria da un giro de más de ciento ochenta grados que tan mal te sienta, tan cerca de sus miserias y de la que en ella viven, tan mal educados ciudadanos que escupen en la calle, tan imprudentes que no piden la vez en el comercio, tan mal hablados y chillones que hablan desde el extremo de la barra del bar sin ningún respeto, tan espontáneos y estertóreos en la sala de espera de una consulta médica contando tan animadamente su padecer sin darse cuenta tan parlanchines que el de al lado está tan enfermo; tan avispados en las paradas del autobús que el que llega el último entra tan tranquilo el primero. Tan cálida y generosa para el foráneo que siempre quiere volver, tan festera, tan de calle gracias a tan buenas temperaturas, tan seca, tan árida por tan poca lluvia caída, tan abundantes huertos frutales hace tan pocos años, hoy, exterminados por tan disparatados planes urbanísticos que tan ricos ha hecho a tan pocos, tanto ladrillo, tanto cemento, tan altas grúas que levantan una ciudad vertical, tan lineal, tan sin sentido en el ordenamiento del tráfico, tan ruidoso, tan contaminante, tan adornada con esculturas ostentosas e incomprensibles de difícil observación en tantas rotondas de la nuevas avenidas urbanas, tantos centros comerciales tan pocos culturales, tan pocos cines a los que se pueda llegar paseando sólo en coche y siempre con aroma a palomitas de maíz, tan enterrada cultura sepultada por tan ilustres enterradores que no tan ilustrados que un día decidieron que esta ciudad sería más hermosa sin tantas ruinas que tan sólo eran unas pocas piedras tan viejas que impedían el crecimiento de una ciudad tan moderna. Así tan bien la han dejado.

sábado, 23 de mayo de 2009

QUINTO IZQUIERDA

A través del cristal, empañado por la respiración agitada del que mira sin cortinas, ni visillos, se puede observar como deambulan las ideas sobre los paraguas, las palabras sobre las aceras.En el mirador del quinto izquierda, una mujer descuelga los brazos esperando el saludo desde el tranvía que recorre las palmeras. Bajo la marquesina de espaldas al sol, hay una maleta que espera ser recogida, está llena de caricias abandonadas a su suerte. Llega hasta allí una pelirroja de pelo ensortijado que desprende una enorme aura de despiste. Al tomar el transporte tirado por la catenaria, siente un rubor inapreciable por su tono de piel y un suave cosquilleo le recorre todo el cuerpo. Cuando llega a su parada, baja con los brazos abiertos se abraza a ese chico regordete que la espera. La maleta se queda sobre el banco de la estación; ellos, se van cogidos de la mano.