No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde

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martes, 9 de agosto de 2011

COSTUMBRE

Deja sonar el teléfono varias veces. No contesta. Supone que después llamaran. Entonces las ideas se asfixian dentro de la caja de sus pensamientos. Duda en llamar de nuevo ese día. Lo hará mañana. Quizá conteste. Se dice estar acostumbrado, pero no lo supera. Así que lo dejará para mañana.

Al cabo de unas horas o quizá unos minutos vuelve a coger el móvil y decide llamar a otro número. Sabe que éste sí contestará, después de unos toques. Hablará con unos amigos de cualquier cosa.

Antes cuando llamábamos siempre preguntábamos: ¿Cómo estás?

Ahora cuando llamamos siempre decimos: ¿Dónde estás?

Sólo hay que pegar la oreja en cualquier momento del día, en cualquier lugar, enganchar la hebra del que se habla en cualquier conversación callejera aleatoria.


martes, 2 de agosto de 2011

SUENA BIEN

EFECTO

Las caricias de la madrugada le hicieron dormir después plácidamente. Por la mañana se levantó e hizo lo que quería hacer, nada.

AFECTO

Por la mañana las nubes algodonosas recorrían el cielo al vaivén de la brisa que ondulaba el mar. El azul es de primavera. La arena sigue con la humedad del alba.Por la tarde el sol luce con vestido de estío, todavía suave. Hoy la noche llegará tarde. En el paseo, la muchacha se mira en la sombra, su melena se arrebata con alegría cuando el viento la saluda.Subiendo los escalones en busca de Selene, espera el brillo de la noche. Nada hoy puede enturbiar la feliz serenidad. Eso espera.

sábado, 16 de julio de 2011

MESAS VACÍAS


Camarero en verano, estudiante durante el resto del año y músico a tiempo parcial. Eso dice él cuando le preguntas. Más bien sin preguntarle, él lo cuenta, cuando toma confianza.

Por qué, si todas las mesas de la terraza están vacías, siempre hay alguien que llega y se sienta justo al lado de la única mesa ocupada. En ella está esa mujer que toma café con hielo, lee un libro y de vez en cuando sólo mira al mar, desde la terraza del Balneario.

Hoy, se han acomodado bien pegaditos a ella una pareja: él prejubilado de una entidad bancaria. Presume de su situación, habla de la crisis económica con el camarero y músico a tiempo parcial. Le cuenta que cuando él era joven, trabajaba en el cine de verano de la localidad. “Había dos cines con programa doble –películas de estreno- cuando terminaba la primera salía en la bici con el rollo hasta el otro cine. Me traía la segunda, que en el otro había sido la sesión primera. Así todas las noches. Yo era primo del dueño del cine. Hacía esto y veía la proyección gratis, esa era mi recompensa”. Al camero lo llaman de otra mesa. Se va eludiendo el compromiso de tener que hablar de la crisis, aludiendo a su obligación.

Han llegado otros que ocupan una mesa más lejana. Ella siempre aprovecha para hablar por el móvil –vienen a diario- una y otra vez. Él fuma un gran puro y se tomará una manzanilla con whisky. Con voz aguda y rajada se oye, “camarero, un Maui como todos los días. Ya viene. Antes de llegar con la taza humeante, ella ya está hablando, debe ser la hora de la tarifa plana. Hoy como el viento lleva otra dirección, no se oye lo que habla ni con quién.

Mientras, la mujer del prejubilado se ha ido a darse un baño, después de tomarse un café con leche calentito. El marido se ha quedado haciendo el sudoku de un periódico con nombre de las primeras letras del abecedario. Parece que no le cuesta mucho trabajo, a pesar de haberle confesado a su señora que lo hará a tientas, pues se ha dejado las gafas en casa. Será que los números se le dan bien, ahí está, escudriñando operaciones. Ella como una sirena, alza un brazo y lo saluda con mucho amor. Él se da la vuelta con gesto despistado y sigue con la prueba del nueve.

Con vestido de rayas azul marino y alpargatas rojas, la mujer que lee sigue ensimismada en la lectura; conversando con los personajes de la novela de forma que, la coloquial charla de alrededor no le haga perder el hilo de la trama. Se toma el último sorbo de café y enciende un cigarrillo, observa las mesas vacías, las cuenta: una, dos, tres… hasta cincuenta. Y se pregunta esbozando una sonrisa acompañada de un gesto ceñudo: “qué misterio tendrá, sí todas las mesas están desocupadas, por qué todos nos sentamos unos tan cerca de los otros"

viernes, 30 de julio de 2010

LA SEÑORA DEL BALNEARIO




La cabeza no para. Dice, una señora a su amiga y compañera de baño. Están sentadas en la terraza del Balneario. Han quedado para tomar un café y contarse sus cosas.
La más joven habla de las enfermedades de sus padres, como si las llevara en el cuaderno del haber. Habla de meses, días, horas de hospitales. “Tuvimos la gran suerte de llegar a tiempo… Y dar con un buen médico….
La señora del Balneario le cuenta de sus hijas, de sus nietos:
-La que me ha llamado vive en Valencia y se va con sus hijos a Nueva York. Al contrario que la otra me llama todos los días. Se preocupa. Llama a Alejandra…sabes, es la que me cuida, a mí y a la casa.
-Pues mi madre, la operaron de un tumor cerebral, pero está bien. Yo estoy aquí con ellos. Le dice la más joven.
-Mi otra hija es madre soltera; su hijo está en Canadá. Trabaja mucho. Estuvo aquí el domingo; me sorprende siempre, viene cuando quiere. Yo aquí, descansando y tomando los baños. Me viene muy bien, paso el invierno sin enterarme… Es actriz de teatro. Vive en Cartagena, donde vivo yo. Cada una en su casa.
-Yo tengo dos hijos, Mi marido me dejó por otra cuando eran pequeños, ahora ya son independientes y viven su vida. Me dedico a cuidar a mis padres, durante mis vacaciones…Cuando vuelva a Madrid tengo que volver al trabajo, entonces se me multiplica por tres…Si no fuera por estos bañitos.
-Ignacio, es mi hijo, es médico. Ha vivido muchos años en Alemania. No para, tiene tres hijas guapísimas. Las veo poco, están estudiando fuera… su madre tienen un negocio y no tiene tiempo para nada que no sea el trabajo…Dicen que tienen muchos gastos…Claro, con ese chalet tan grande con parcela y piscina. Muchas fiestas, muchos amigos. Yo me vengo aquí todos los años desde que enviudé…Siempre me llaman. No me dejan sola, se interesan por mí.
Ambas señoras siguen y siguen contándose sus vidas. Parece una relación de verano, una amistad sin intereses. Sólo y exclusivamente se hacen compañía. Una en su soledad buscada, la otra en su soledad encontrada.
-Mis hijos viven con sus parejas, en Santander uno y el otro en Barcelona. Así que yo en Madrid sola qué hago…cuando llega el verano con mis padres junto al mar. Me dedico a ellos, a la cocina, a la compra y a mis paseos solitarios por la orilla. Ahora parece que ha abierto el cuaderno del debe. La señora mayor la mira con ternura, cuando suena de nuevo el teléfono móvil.
Hola Ignacio. Oye, sabes, me faltan medicinas. Sí, estoy muy bien. Tú tranquilo…sí, cuando puedas vienes.
Si tienes lápiz y papel te hago un pedido:
-para los dolores
-para la inflamación de la pierna
-una caja de tres tubos de esos para los huesos
- las de la circulación
- las del reúma
¡Ah! y el protector para el estómago…Ya sabes, ese que viene en frasquitos…el otro no, es muy incomodo.
Adiós, adiós hijo…Te quiero mucho…Adiós.
Una vez perdido el interés de lo que estaba leyendo pegué la oreja...
Más, que menos el encuentro y la charla fue así.

jueves, 24 de junio de 2010

HOY, QUE...




Hoy, quiero escribir una postal alegre, donde el cielo se vuelva del color de la amanecida. Que el feliz canto de los pájaros sea el presagio de noticias amables. Que las palabras cuando lleguen a la puerta, sean de afecto y consideración para quienes ansían el reconocimiento de la labor hecha a medida; con jaboncillos de sastre de alta costura.

sábado, 4 de abril de 2009

TRAVIESAS

La tarde desnudó los pensamientos, abandonados en los paseos sin pasos.
Cubrió la noche las ideas con sueños de tiempo gris. El vapor se tragó las lágrimas.