¡ay maricarmen!
No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde
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miércoles, 5 de mayo de 2010
´T-R-A-N-V-Í-A
A
través del cristal empañado por la respiración agitada del que mira sin cortinas ni visillos, se puede observar como deambulan las ideas sobre los paraguas, las palabras sobre las aceras. Desde el mirador del quinto izquierda, una mujer descuelga los brazos esperando el saludo desde el tranvía que recorre las palmeras. Bajo la marquesina, de espaldas al sol, hay una maleta que espera ser recogida, está llena de caricias abandonadas a su suerte. Llega hasta allí una pelirroja de pelo ensortijado que desprende una enorme aura de despiste. Cuando toma el transporte tirado por la catenaria, siente un rubor
inapreciable
por su tono de piel y un suave cosquilleo le recorre todo el cuerpo. Cuando llega a su parada, con los brazos abiertos se abraza a ese chico regordete que la espera. La maleta se queda sobre el banco de la estación; ellos, se van cogidos de la mano.
Dónde...?
Va..? Viene...?
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