Dibuja con agua de colores.
Ahora un barco rasgando el mar.
Ahora nubes engreídas, envolventes,
disfrazando el horizonte horizontal.
El pintor inventa con su arte una marina, un paisaje, un mundo, su verdad.
Contagiada, yo contemplo esa mirada y disfruto mi sueño;
admiro su sensibilidad y agradezco mi suerte al poder contemplar.
La acuarela ahoga un grito, y el pintor, pincelada a pincelada,
reinventa una oda, otra escena, otro ahora.
El espectador descifra, sueña, entiende y desentiende.
Paleta casi homogénea, sobria: matizando agua y cielo.
Azul prusia, siena tostada, amarillo cadmio,
carmín, verde esmeralda o vegiga...
Un arcoíris equilibrado, lejano y cercano, triste y esperanzador, frío y cálido.
Atmósfera tormentosa, melancólica.
Donde el tono medio enluta la obra, el tema, la trama y mi espíritu.
Mientras, la gente de mar espera, siempre espera;
porque en el puerto, tras la tormenta, llegará la calma,
y el sol teñirá de mañana sus corazones…
Cuando la horizontal del horizonte se desdibuje
entre brillos naranjas de futuro.
5.- Rosario Ruiz de Almódovar Cada maestrillo tiene su librillo
Las barcas danzan y sueñan en el puerto,
se mecen y descansan al atardecer,
las nubes se reflejan en su espejo,
la alegría de los azules veo crecer.
Arriba en lo alto se alzan tres perfiles,
tres cruces contando su marcha marinera,
firmes cantan y elevan banderines,
que ondean claridad feliz de primavera.
Y veo Paz en sus cristales
Y Vida en lo profundo,
Y en el aire:
Luz, Pensamientos y Misterio….
6.-Yashira Un mar de sentimientos
En tus manos la acuarela
se va creando de la nada,
en mi pecho tu figura
se desliza hasta mi alma.
Las aguas remanso de paz,
mis ojos olas de sal
que animan tu despertar.
Mírame y recuerda,
tus manos dibujan,
las mías.
como mariposas
en ti se posan,
recuerda cada momento,
recuerda lo que siento,
no pintes el tiempo,
pinta sólo el amor
que entre nosotros va naciendo,
que sea en ese barco
anclado en mi puerto,
donde viajen nuestros sueños.
Los grises se apoderan del cielo,
rojos y ocres desaparecen
bajo el velo del silencio,
es la hora, zarparemos
cuando esas manos pintoras
termien la acuarela
que tú para mí estás haciendo.
NATURALEZAS
El cielo se cierra, el viento golpea, el bamboleo gira, los gritos acuden presurosos. La oscilaciones de mar atardecen el avance de las embarcaciones, embate de proas, empuje de fondo de popas, crujir de cascos en la batalla, descensos de sudores por los costados desde cubierta, maderas que aprietan sus fibras, hierros en arcos elásticos. La desigual pelea mide los ímpetus de los unos y los otros, y los de aquellos también, hasta que la noche queda convertida en una franja oscura en lontananza, y la mar y su cómplice de aire gimen dolor, y caen abatidos entre los mástiles que vibran de alegría, que vibran con poder, que sonríen la dicha y la fuerza de la victoria.
8.- Yolanda Nava Mis historias
UN VELERO EN LA PARED
Colgado en la pared
evocando otros tiempos
descansa la imagen del velero que nos llevo hacia dentro
allá dónde la libertad se funde con la sal
y lame el fresco viento
Aún recuerdo tus besos
tu risa y alegría
al gritarme “te quiero”,
El velero suspendido en la pared
guarda nuestros secretos
Y lo miro varado entre bruma y silencio
Tu ausencia me golpea
Me agarro a los recuerdos:
tu mano en mi cintura, tu nariz en mi pelo
… y vuelvo a navegar allá dónde la libertad
se funde con la sal.
9.- Isabel Martínez Barquero El Cobijo de una desalmada
"EL BARCO DE LAS TORMENTAS"
Todos los atardeceres tormentosos de los últimos doscientos años salía por la bocana del puerto el mismo barco, un barco que jamás se hallaba amarrado a un noray, un barco que no era de nadie ni persona alguna regía, que brotaba de las olas como una exhalación en los crepúsculos inclementes.
Es probable que fuera un barco fantasma como comentaban los marineros, pero yo no me engañaba con las leyendas que hilaban en los tejidos siempre alertas del asombro. Desde el primer momento en que asistí al extraordinario hecho, no tuve dudas, pues mis ojos contemplaron manejando el timón a Agustín, el capitán decimonónico que se ahogó en aquellas aguas durante un ocaso tempestuoso de hacía ya cerca de dos siglos. En la actualidad, y tormenta tras tormenta, se enfrentaba al mar bravío y salía vencedor en una hazaña que lo había inmortalizado tragado por las olas. La muerte no era obstáculo para que ajustara sus cuentas con el mar."
10.- Ana Fúster
"Ella se erguía como el mascarón de un tajamar fenicio, de pie en la proa del velero que en aquel momento se hacía a la mar. Su rostro aquilino hendía en dos el aire que le ceñía las ropas a la piel, revelando unas formas casi andróginas que contrastaban con su larga cabellera rizada, del color del cobre envejecido. Alberto sucumbió instantáneamente al hechizo de su belleza de antiguo animal mitológico, y nada pudo hacer excepto permanecer inmóvil en el embarcadero, con la vista clavada en el foque que ahora la ocultaba, mientras los dedos de la bruma iban difuminando los perfiles de la embarcación. Nada ni nadie lo pudo apartar de allí, ni las voces de sus amigos, ni la fina lluvia que comenzó a caer con parsimonia. Alberto esperó, y esperó en soledad como esperan los faros, insensible a los alfilerazos del orvallo en la cara y las manos, mimetizado con el entorno hasta el punto de que las gaviotas lo cercaron graznando impúdicamente, tomándolo por un elemento más del paisaje marino. Alberto esperó, y esperó en un espacio singular en el que el tiempo se diluía como un azucarillo en una taza de café, hasta ver de nuevo la proa del velero que la había apartado de él enfilada hacia el puerto…"
11.- Miguelángel Flores Eternidades y Pegos
DIJERON
Que cada tarde bajaba a esperar la llegada de las barcas con faldas coloridas y mejillas coloreadas. Que cuando creyó verlo recortarse contra el cielo naranja musitó, ahí está, y tomando impulso caminó sobre las aguas. Que no saben si para que volviera a salvarla como la primera vez, o para hacerle pagar por el dolor acumulado en su larga espera. Que mientras se hundía en silencio, con la falda de vuelo bufada sobre el agua y sus huesecillos de estambre, pareció un nenúfar entre las barquichuelas. Que pobrecita, cómo no, si yo era la viva estampa de mi abuelo.
12.- Virgi Phoeticblog
Sueños
Se perfila el ocaso sobre el palo mayor y las velas recogidas esperan la voz del contramaestre. En la bodega se apilan, bien estibados, toneles, cajas, cofres, sacos de grano.
En un lugar del puerto, sueña un niño.
Sueña con el mar y las gaviotas en la punta del bauprés, con la sal en las mejillas y los peces voladores cruzando la proa, se ve escribiendo en el cuaderno de bitácora y recorriendo el sollado con viento de levante.
Duerme a un lado de su madre, tibia y serena, y al otro, la hermana más pequeña, la que su padre no conoció.
Y con él sueña. Con encontrarlo en una taberna de algún puerto lejano, traerlo de nuevo a casa y que le cuente porqué no supo regresar si el mar no tenía secretos para él y la brisa siempre le soplaba la dirección correcta. Sueña el niño que tal vez, en la noche marina, brille el destello que oriente su camino.
El de ida y el de vuelta.
13.- Oski Utopía en días rojos
Las barcos que descansan ya sin velas, anuncian que el marinero volvió a casa. Quizás a encontrarse con Penélope, que estuvo esperando con el corazón en un puño y sabe que pronto su amor partirá de nuevo.
Otras barquitas, más desmanejadas y menos cuidadas, me recuerdan la soledad del hombre que siempre anda buscándose y no se encuentra, del hombre que se deja mecer con las olas y convierte su vida en un ir y venir.
Un ferry anuncia a gritos su partida, su bocina inunda cada rincón del puerto, ansiosos viajeros se apresuran a subir con sus maletas, buscando nuevas vidas, anunciando otros destinos.
Y allí con gesto serio, el pintor retrata todo lo que ve, testigo mudo de viajes y llegadas. De puntos de partida y caminos que terminan.
14.- Laura Garrido De mis palabras y las vuestras
El barco de las
ilusiones perdidas
Se acerca a mi puerto
el último barco,
el de los sueños que
atraqué en el olvido.
Los espero sentada en
mi banco
susurrándo mi canción
en tu oído.
Y me miras ensoñando
creyendo que yo estoy
loca,
pues no sabes que en
mi boca
yace un beso
ilusionado.
Cuando atraca a
nuestra vera
tú me miras embobado,
y yo te regalo el
beso
antes de subirme a
ese barco.
¡No te vayas!, me
gritas,
¿tienes mas de esos?
Todos los que quieras
¡son gratis todos mis
besos!
Y juntos zarpamos
hacia una isla,
donde residen
nuestros deseos,
aquella que
abandonamos con prisa
cuando fuimos muy pequeños.