No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde

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lunes, 20 de diciembre de 2010

CUENTO:

El castillo en el que habita la princesa tiene una fortaleza de piedra dura que ni los siglos han podido abatir, es más, está rodeado por un foso profundo en el que las aguas siempre son turbulentas. Llegan desde la montaña por un río de gran cauce que al estrecharse para entrar en el foso convierte el agua, en olas agitadas y rumorosas. El sonido del agua provoca en esta bella princesa, tener pensamientos a veces muy extraños. La princesa se asoma desde la almena y sus pensamientos corren a través de las grandes campiñas de tonos ocres, verdes y marrones. Le ofrecen un paraje de libertad que no tiene. Sueña, con que su príncipe, el que un día vendrá para amarla, acariciarla y llevarla en su corcel negro. En vano, sueña con castillos de otras tierras en los que pasar días de asueto y amor. Sus pensamientos son como una fotografía de color, que todavía no conoce, pero que se le presenta todos los días ante su vista; unos días que, están cargados de paseos interiores en los que todo es de color oscuro como los cristales que quisiera romper para ganar el aire que le falta, porque su respiración está viciada de olores salinos que desprenden las paredes húmedas y ruinosas de las grandes estancias del castillo familiar.
La princesa sin nombre ha inventado un viaje por la ruta de su mirada soñadora, pero no tiene muchas expectativas. El rey que reina en el castillo con nombre, siempre le promete que va a viajar, para después poner todas las trabas habidas y por haber, para dejar en suspenso sus sueños. Está harta, muy harta y cansada de tantos inconvenientes y sinrazones. Por más que hace y deshace con su rueca no consigue salir. Siempre repite la misma labor; nada está claro para ella, únicamente la luz del sol de cada día. Sola, pasea por los grandes pasillos y estancias, baja al patio, entra en las cuadras, sube y baja a la torre. Lleva una vida de princesa sin nombre y con sombra, una sombra muda que la acompaña día y noche. La princesa sin nombre está ociosa, al menos eso parece. Hoy la han visto por los centros comerciales. La princesa se ha salido del cuento y viste con ropa actual. Ahora vive del cuento porque el príncipe no vino en su corcel negro.

estonoesuncuentosestonesetnese

jueves, 3 de junio de 2010

AHORA






Ha fallecido en, Pau (Francia)
Ignacio Pascual Godoy
Profesor de Historia del Arte
" Te esperé hasta ayer”






Así reza la esquela aparecida en el periódico que, Adela lee. Después, al recordar que había tirado la foto al contenedor pensaba.
No soporto la tristeza que me produce el vacío de una esperanza, rota por el tiempo y la distancia. Ahora que mi pelo se torna de color gris perla. Ahora que mi andar es lento y pausado. Ahora que me dirijo por un camino forzoso, al júbilo indeseable.
Ya sólo en el recuerdo me quedan, las palabras, las caricias, la ternura, las imágenes. Lo qué disfruté, se rompió en añicos, como un mal sueño que al despertar, se olvida. He vivido construyendo falsas ilusiones, que me han mantenido en la cruda vigilia de esta vida cotidiana y anodina.
Sí ayer, fuera hoy, no dejaría que te llevaras la foto. Yo me iría contigo.

lunes, 12 de abril de 2010

EL ZAPATO DE CHAROL y 4


Ellos eran alemanes, su físico deforme según los cánones del momento. A la mañana siguiente se reunieron los tres en el destartalado furgón de la caravana y prepararon un plan para no dejar rastro. Tenían que huir de allí. Ya no era un rumor, viejos, enfermos, deformes y judíos no tenían cabida en el nuevo orden alemán. Estaban solos y aislados, alrededor sólo peligro y terror.
Toda la noche la lluvia estuvo presente y ellos debían representar su última función. La decisión estaba tomada: sacrificarían el cerdo, de forma silenciosa y con mucha premura rellenaron los trajes de payaso con paja, los calzaron con unos lujosos zapatos de brillante charol para finalmente prender fuego al carromato. Dentro sentados en sus respectivas sillas, ardieron con el cerdo aquellos muñecos de paja. Como figurantes llevaron a cabo la última sesión "extra" de un arriesgado número de circo que les salvaría la vida. Cuando amaneció sólo quedaba entre el barrizal y los charcos un amasijo de hierro que desprendía un negro humo, olía a carne quemada. No cabría duda entre los soldados: la chusma de los payasos habría perecido en el fuego.
Sólo quedó en el dantesco escenario: un par de zapatos de charol, intactos, de distintos pies y distinto tamaño.
Nunca nadie supo cómo, pero, Clotilde, Germán y el Payaso Elegante llegaron a Suiza, donde pasarían el resto de su vida. Un día de lluvia del verano de 1942 contrajeron matrimonio, vivieron felices y en paz en el país que los acogió. Los recien casados, junto al Payaso Elegante, fundaron una Escuela de Payasos, llamada :"El zapato de Charol".
Muchos años después: un niño, llamado Manuel, con los ojos abiertos de par en par, está sentado sobre la alfombra a los pies de su abuelo.
Había escuchado muy atento aquella historia cuando de sopetón le preguntó:
- Abuelo: ¿Cómo se llamaba el payaso elegante? Germán lo mira y le pasa la mano por la cabeza removiéndole el pelo a la vez que lo acaricia con ternura.
Mientras, en la suya suenan sones de la música de un saxofón.

sábado, 10 de abril de 2010

EL ZAPATO DE CHAROL / 3






Fuera en el circo mundial, un hombre el más loco que el mundo iba a conocer, proclamaba: un universo por la fuerza de la raza, invocando la sin razón del exterminio de los débiles. El espectáculo vergonzante duró demasiado, matando, marcando y separando a millones de personas.
Emprendieron camino hacia lugares distintos. El éxodo no era fácil: Francia estaba a punto de ser ocupada; el eje Berlín-Roma, muy definido. España destrozada por las secuelas de la Guerra Civil e inmersa en una terrible hambruna. Así que todos los que se fueron nunca se supo dónde llegaron, ni nunca se volvieron a encontrar, sólo el enano y el payaso elegante se quedaron en aquel pueblo. Se ganaban la comida trabajando en un telar que fabricaba mantas para la guerra. Un día cuando volvieron de trabajar se encontraron el carromato del Sr. Strauss vacío. Se habían llevado a toda la familia a “tomar” un tren con lo que llevaban puesto y les colocaron una estrella en la solapa.
Este hecho lo supieron por Clotilde, que así se llamaba la que era su compañera que, como él, también era enana. Ella se había podido esconder gracias a su pequeño tamaño en el baúl de los trajes de gala de su pareja de función: "el payaso elegante". Cada vez se sentían más inseguros en aquel lugar. La represión del ejército era total; las gentes del pueblo mal vivían y la fábrica de telas cerró. Pronto no tendrían para comer, aunque siempre les quedaría aquella cría de cerdo que habían encontrado en el pueblo anterior y que les acompañaba como uno más.
Clotilde le propuso a Germán (el enano payaso) que deberían escapar como habían hecho todos los componentes del circo.



Continuará...

viernes, 9 de abril de 2010

EL ZAPATO DE CHAROL / 2




Muchos de los componentes del circo eran alemanes, no tendrían que temer, pero entre ellos había una familia gitana de origen húngaro, "Los Romanof", saltimbanqui y malabares. Los titiriteros rusos e italianos, los domadores de leones: "Los Toscanini". El dueño del circo era un judío alemán llamado Strauss. Siempre le había ido bien como empresario.
La pareja formada por el enano y el payaso elegante conseguían en cada función hacer vibrar las lonas con sus números diarios, produciendo carcajadas y recibiendo grandes aplausos. La vida en el circo era amable y cordial a pesar de los largos trayectos, del frío, de la lluvia y los días de nieve, los más. Las penurias de esta vida nómada y sacrificada se sobrellevaban bien, pues hacían lo que más les gustaba. Lo que se les venía encima no era fácil. Ahora tendrían que estar muy atentos a los acontecimientos. La mayoría de los días debutaban para sí mismos, como si de un ensayo se tratara.
La guerra, siempre cruel e injusta para quien la padece, podría acabar con ellos. No sufrieron daños por el ataque. Lo peor llegaría después.
Una vez invadido el país, el acoso y la persecución fue atroz. El pueblo se quedó mudo, puertas y ventanas cerradas, nadie salía a la calle, nadie hablaba con nadie; el día era como la noche, frío y oscuro. Sentían que los días eran tan largos como las cuerdas del trapecio. Pasaban despacio.
Fue una mañana de 1940. En la calle había aparecido la lluvia, arreciaba sobre la carpa con una fuerza desmesurada. Sentados en las gradas que siempre ocupaba el público fueron tomando asiento todas las familias, y en una improvisada asamblea decidieron disolver la empresa del "mayor espectáculo del mundo" que hasta entonces los había mantenido unidos, más en las miserias que en los exitos. Entre ellas y con ellas, habían comido cada jornada al menos.
Continuará...

jueves, 8 de abril de 2010

EL ZAPATO DE CHAROL



Hace tiempo escribí lo que puede parecer un cuento


Erase una vez un enano que pertenecía a una troupe de un circo alemán. Cada día junto con el payaso elegante y con sombrero de capirote, chaqueta de grandes solapas llenas de lentejuelas, atractivos colores y grandes zapatones hacían su número en la función circense: chririgotas, mimos y exageradas travesuras haciendo reír al público. Siempre la misma representación. Llenos de júbilo y alegría fueran días de lluvia, de sol, de niebla, con el estómago lleno o con él vacío, que eran las más frecuentes.
La gente del circo circula en grandes caravanas cargadas de vidas errantes que a diario extienden las lonas para cubrir sus mentiras, los deseos, los fracasos y las tristezas que, tapadas con grueso maquillaje sólo alguna malla rota las deja ver entre su piel. Cada tarde se transforman para divertir a los que vienen a verlos. Los circos encierran secretos y misterios que entran y salen de las jaulas con majestuosos andares como el de los elefantes, con miradas penetrantes como la de los felinos o tal vez salen a relucir las envidias y recelos de los saltimbanquis, de los titiriteros que siempre guardan a buen recaudo las novedades de sus grandes saltos al vacío. Más difícil todavía: " Señoras y Señores la función va a empezar".
Era una tarde de lluvia de aquel otoño sombrío y gris de 1939.Había estallado la Segunda Guerra Mundial. El circo estaba instalado en un pueblo cercano a Brujas (Bélgica). Los rumores de ataque a los países del Benelux, eran el motivo de conversación en los bares; en las calles del lugar no se hablaba de otra cosa que de la guerra. La afluencia al espectáculo empezaba a resentirse. En cada uno de los carromatos cundía el desánimo y el temor a la posible invasión de las tropas alemanas.

Continuará...