Frente al mar
con la brisa en la mirada las olas parecen pensamientos mudos. Miradas
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No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde
jueves, 24 de enero de 2013
lunes, 21 de enero de 2013
VUELVE EL MICRORRELATISTA 2013
Amigos escritor@s ya está el nuevo calendario de publicaciones en
El Microrrelatista.
Allí he dejado un SMS
Por si os queréis pasar
domingo, 20 de enero de 2013
MIRADAS / 2
jueves, 17 de enero de 2013
LA MECEDORA
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| imagen de internet |
Tiene más de treinta años,
una línea sencilla y esbelta, forjada en caña de junco maduro de color
amarillento, asiento y respaldo de rejilla, un poco ajada por el uso; pero
todavía se mantiene en píe como el primer día. Mece con suavidad y armonía. Sentada
en ella es fácil entonar una canción, leer un buen libro, escuchar la música
preferida o evadirse en el silencio. Ha sobrevivido a traslados, librándose de
la hoguera en la Noche de San Juan.
Siempre
ha tenido un espacio en la casa jamás se ha quejado ya tuviera de compañeros:
peluches, ropa de plancha, trastos, o como ahora llena de cojines de distintos
colores y tamaños. Y ahí sigue.
Cuando Paula se sienta en ella
rememora en silencio que, allí durante muchas horas, durante muchos días dio de
mamar ocho meses a su primer hijo y algo más de seis a su segundo, que fue una
niña. Tararea una nana y parece que percibe las sensaciones vividas en aquellos
años y que aún guarda agradablemente en el recuerdo.
Dar de mamar es una emoción inolvidable,
extraordinaria, gratificante y desinteresada. De pronto, le viene la imagen de
su bebé abrazado a su cuerpo y enganchado a su pezón con esa carita llena de
placidez y serenidad, de una belleza tal, que sólo aprecia quién ha amamantado.
Aspira
aire, como si oliese a su hijo recién nacido. Siente en sus manos como si
jaleara el pelo de su niño, como si lo acariciara en ese momento.
Dar el pecho es un placer
indescriptible que se debe vivir si eres madre, además de beneficioso para tu
hijo. Esto, se lo había oído Paula a su abuela, a su madre.
Es
entonces cuando se levanta, llama al carpintero y le dice:"quiero restaurar la vieja mecedora".
A María
lunes, 14 de enero de 2013
UN POCO DE MAR (enero)
Mar Menor
Mar de Cristal
(puerto, playa, paseo)
Bailan al ritmo de la calma azul, los palos en el Puerto.
Alguien pintó la palmera sobre la arena y el mar eligió su azul cristalino
Y la arena creció para estar favorecida en la playa.
Sereno el mar de invierno en la orilla
Vio llegar a los cormoranes que, en bandada rizaban las tranquilas aguas
Y en el Paseo de Mar de Cristal unos niños observaban el espectáculo
La farola, sola, la arena sin huellas, el mar cristalino. El pintor volvió a dibujar
...Y la palmera abre sus brazos para peinar al mar.
A lo lejos, los azules tiñen las islas con su color azul azulete.
Los montes soplan aire a las nubes para riza el mar.
...Y en el Paseo las palmeras siguen dibujadas de verde, verde de invierno.
O quizás sea la primavera equivocada...
viernes, 11 de enero de 2013
POR LUISA, "LOS ACELGAS"
LOS ACELGAS I Carrera Verde
Transformaciones
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| Original idea de LUISA HURTADO |
Todas las tardes salía a dar vueltas por el barrio con su bicicleta. En el canasto traía pequeños tesoros que abrían camino a su imaginación. No entendía por qué los grandes llamaban "basura" a cosas que aún podían servir.
Hoy su mamá se enojó mucho y tuvo que hacerlo.
Se paró muy serio delante de ella y le dijo: - Cerrá los ojos y abrí la mano.
Y ahí le dejó una grulla hecha con una caja de cigarrillos.
- Ahora pedí un deseo y soplá.
Todavía el telón de sus párpados no se había abierto cuando un trino agudo perforó el silencio de la habitación.
Perforó el silencio de la habitación aquel bramido mudo como cada día. Nacho se despertó de aquella horrible pesadilla diaria y una vez despejado del sueño, se puso en marcha. En la calle lo esperaban los amigos, como cada uno de los últimos domingos. Todos en las bicicletas iniciaron la marcha hasta los aledaños de aquella mole de hormigón que habían construido junto al río. Se sentaron bocadillo en mano, igual que cuando eran, niños, sólo que ahora un pequeño regato circulaba lento entre los cantos y las rocas que verdeaban mohosa, negruzcas o pardas en sus pestilentes aguas. Se quitaron las cazadoras y quedándose con las camisetas verdes que ellos mismos habían diseñado, fueron haciendo una cadena, uniéndose con las manos para poder abarcar la fábrica. Nadie sabía mucho sobre su producción; sólo, que el río se había secado, las piedras no brillaban y los animales acuáticos habían desparecido. Lo que más llamaba la atención de los vecinos era el bufido que cada día entraba en sus casas como una exhalación. Desde el principio los jóvenes del lugar, no muchos, por ser una aldea pequeña, se concentraban todos los domingos y festivos alrededor de la industria que, con sus vertidos había hecho morir al río, de cauce ruidoso y de aguas claras, que en otro tiempo cruzaba la localidad. Los chicos, las camisetas verdes y las bicicletas, hoy, son acompañados cada domingo por todos los lugareños, la protesta continua.
LA PROTESTA CONTINUA
La protesta continua, gritó Nacho, no bajemos los brazos, esta es nuestra bandera (dijo mostrando su remera verde) montó en la bicicleta que sin ruido recorrió esas calles donde miles de automóviles atronaban con sus escapes humeantes, el cielo no se veía tan azul, una cortina de humo lo opacaba.
Sabía que tendría que hacer algo, por eso esgrimía ese dibujo donde una madre angustiada con su hijo en brazos sufriendo las consecuencias de vivir al costado del curso de agua, tan oscura como su futuro, con esa extraña espuma en la superficie que baja lenta hacia la desembocadura donde seguirá produciendo más daño.
Las bicicletas comenzaron a amontonarse frente a la pared elegida, allí donde quizás la viera aquel señor en su auto de lujo que pregonaba (buscando votos) que el y su partido tendrían las soluciones para evitar la polución, como diputado de la nación y en pos de los altos ideales de la patria.
Poco a poco la pared fue tomando color, en primer plano la imagen de aquella mujer con su hijo enfermo, como fondo el vertedero con su barro infame y espumoso. Sólo faltaba el olor picante y nauseabundo que se podía intuir.
Nacho y sus amigos sentían el orgullo de ser partícipes de la lucha.
Para que todos la vean la imagen está allí.
ILUSTRACIÓN DE UNA ACELGA
PARA LA I Carrera Verde por relevos
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| Autora Gema Luz ( Marigüary) |
OTRA VIDA
La imagen aún hoy sigue allí, con sus peces muertos bañados por las lágrimas de la madre, pero también con sus banderas verdes, sobre una vieja pared desconchada. Allí sigue a pesar de los años que han pasado y de que la contaminación del entorno es algo que los más pequeños no llegaron a conocer.
Después de años de luchas y denuncias, Nacho y el resto del pueblo consiguieron detener los vertidos y aunque ya era tarde para recuperar el río y los campos que lo rodeaban, aún había tiempo para volver a empezar.
Los más mayores recordaban bien cómo era su vida antes de bajar desde los pueblos de la montaña al valle en busca del progreso . No tenían muchas comodidades, pero sí una vida llena de cosas pequeñas y, sobre todo, saludable. Cuando uno necesitaba hacer un camino o techar una cuadra, podía contar con la ayuda de los vecinos; si enfermabas, tenías quién te echara una mano con el ganado o las cosechas y no se tiraba nada: si te sobraban manzanas o fréjoles, los compartías con quien no tenía. La vida seguía un curso lógico y se desarrollaba siguiendo el ritmo que marcaba la naturaleza. Apenas habían modificado su entorno en siglos.
Cuando decidieron abandonar el valle y volver a empezar en los pueblos vacíos de la montaña, apenas sabían hacer nada, cada uno estaba especializado en una pequeña parcela de la vida y era incapaz de sobrevivir por sus medios. Aprendieron entonces que la vida es mucho más fácil trabajando en equipo y también que los mayores son una fuente de sabiduría ancestral en la que apoyarse y de la que aprender.
A veces bajan a los más jóvenes a ver la imagen de la vieja pared y las ruinas de lo que un día fue una vida insostenible para que nunca lo olviden.
El regreso
A veces bajan a los más jóvenes a ver la imagen de la vieja pared y las ruinas de lo que un día fue una vida insostenible para que nunca lo olviden.
Gabriel, el niño que hace grullas de papel con cajas de cigarrillos, ha pasado con su bicicleta hoy. Cautivado por el mural, baja con curiosidad. No es mentira. La mujer de ojos de pájaro mueve los labios y lo llama por su nombre. Ahora lo invita a saltar. Gabriel mira una vez más la bici con su canasta llena de cosas para reciclar pero el hilo de voz lo atrapa. La madre lo recibe con un abrazo tibio porque sabe que, de vez en cuando, su pequeño mago juega a ser un niño de carne y hueso.
SANDRA
¡¡¡Hasta la próxima !!!
Los Acelgas
Sandra Montelpare (escritora), Ficcionario breve
Cabopá (escritora), Ay maricarmen
El Moli (escritor), Los delirios del Moli
Gema Luz (ilustradora), Marigüary
Nieves (escritora), Debajo de mi sombrero
martes, 8 de enero de 2013
LA PROTESTA
Perforó el
silencio de la habitación aquel bramido mudo como cada día. Nacho se despertó
de aquella horrible pesadilla diaria y una vez despejado del sueño, se puso en
marcha. En la calle lo esperaban los amigos, como cada uno de los últimos
domingos. Todos en las bicicletas iniciaron la marcha hasta los aledaños de
aquella mole de hormigón que habían construido junto al río. Se sentaron bocadillo en mano, igual que cuando eran,
niños, sólo que ahora un pequeño regato circulaba lento entre los cantos y las
rocas que verdeaban mohosa, negruzcas o pardas
en sus pestilentes aguas. Se
quitaron las cazadoras y quedándose con las camisetas verdes que ellos mismos habían
diseñado, fueron haciendo una cadena, uniéndose con las manos para poder abarcar la
fábrica. Nadie sabía mucho sobre su producción; sólo, que el río se había
secado, las piedras no brillaban y los animales acuáticos habían desparecido. Lo
que más llamaba la atención de los vecinos era el bufido que cada día entraba en sus casas como una
exhalación. Desde el principio los
jóvenes del lugar, no muchos, por ser una aldea pequeña, se concentraban todos
los domingos y festivos alrededor de la industria que, con sus vertidos había
hecho morir al río, de cauce ruidoso y de aguas claras, que en otro tiempo
cruzaba la localidad. Los chicos, las camisetas verdes y las bicicletas, hoy,
son acompañados cada domingo por todos los lugareños, la protesta continua.
Ilustración de Sara Lew
creada para I Carrera Verde digital y por relevos,
un proyecto de
Luisa Hurtado González
Paso el relevo: "la protesta continua" a El Moli (otra acelga que escribe) de
¡Venga, vamos, acelgas!
lunes, 7 de enero de 2013
PARA ELYSA
Las dulces y cuidadosas manos de una orfebre enfilaron con la mayor perfección unas piedras poderosas, las que producen remedios insospechados... Y sientan muy bien.
Elysa es una amiga, la podéis visitar aquí:
Diseños by Elyely Aquí nos dice: "Ellas me hablan, yo las escucho" nos dice en: Hablando en piedra ¡Se pueden comprar! Asómate |
viernes, 4 de enero de 2013
FINALISTA EN TRIPLE C
Sobresalto
Con trazo seguro el lápiz
recorrió suave la servilleta. Hilarantes las líneas se fundieron, traspasando
los límites de la vida. Sobre el papel, el ritmo del tango flotaba en la
estancia trazada.
De repente el dibujante se
quedó inmóvil observando la imagen recreada. Todo ocurrió al ver llegar a un camarero tarareando esa misma
canción. Otra vez la magia de las líneas y las del mundo real se parecían.
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Con este microrrelato quedé finalista en el Concurso Minificciones a través de una imagen del mes de noviembre de TRIPLE C .
Han resultado ganadores Juan Badaya y Paloma Hidalgo ¡¡Felicidades!!
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miércoles, 2 de enero de 2013
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