La campaña era tan contundente y masiva que todos los medios de comunicación se hacían eco de ella. Pasó de ser una mera anécdota protagonizada por un desconocido empresario llamado Simón Brody , alérgico a los gatos, cuando aquel día contó en una televisión local que estaría dispuesto a modificar genéticamente a su minino para evitar la alergia que le producían. Quería mucho a su mascota FiFí, un morrongo común de patitas cortas, de pelo largo y espeso.
Si su experimento tenía éxito ayudaría a muchas personas con problemas de alergia a este tipo de animales. S. Brody se dedicaba al cultivo agrario de cítricos. Heredó de su padre grandes plantaciones, sobre todo de naranjas y pomelos que distribuía por toda América. En los últimos años se había introducido en el mercado de Japón.
Vendería parte de la explotación agraria, invertiría en la investigación para que los felinos estuvieran desprovistos del gen que producía el estornudo. Estaba decidido. Así que un día reunió a la familia y les contó la idea, de tal manera que no sólo se enriquecerían con la nueva empresa si no que podría ser un benefactor para gran parte de la humanidad que deseara tener un animal de la familia felina. " Ya conocéis mi problema alérgico" ; argumentaba. Tenía calculadas las ventas y también los beneficios. Y confesó que durante dos años habían trabajado sobre dicho gen, su modificación está bajo control, el estudio de mercado hecho. Sólo tendría que hacer una buena campaña publicitaria.
S. Brody vendió parte de su finca de agrios, desarrolló su invento rodeándose de buenos biólogos y técnicos de laboratorio venidos de todo el país . En los primeros meses de 2007 tuvo una extraordinaria y colosal camada de esos animalitos que cazan ratones en el campo, comen pescado en los puertos de mar o hacen compañía en hogares de la sociedad urbana actual. La publicidad fue un acierto. Ya estaba en el mercado la mascota hipoalergénica que no produciría estornudos masivos en la población. Y la suerte echada. Y la excentricidad manifiesta durante años por los americanos también.
Las previsiones de la Compañía Allerca fueron excelentes, superando las expectativas previstas, los resultados monetarios redondos. La familia se enriqueció tanto que el cultivo de naranjas quedó como pasatiempo de los fines de semana.
Simon Brody tuvo el reconocimiento a su labor por el Departamento de Sanidad Animal de los EE.UU. Fue nombrado hijo predilecto de aquella ciudad del sur de California donde nunca llueve, como dice la canción.
Muchos años después descansa en paz en el panteón familiar. Murió víctima de un gran estornudo, cuando comía un delicioso pastel de naranjas y nueces.






